jueves, 19 de febrero de 2015

ANTOLOGÍAS HORIZONTALES





            En pocos años, las antologías han dejado de ser algo esporádico para convertirse en un género con identidad propia. Dejando a un lado los muy discutibles recopilatorios de turno de las editoriales canónicas, donde supuestamente se enumeran los poetas consagrados, los que forman parte de una generación o las futuribles voces del panorama poético de cada país, se nos ofrece un subgénero como es el de las antologías horizontales donde es posible descubrir poetas que de otra manera, quizás no transcendieran por la dificultad de encontrar su obra o por la habitual endogamia.

            Una de las más sugerentes es la ANTOLOGÍA DE POETAS SUICIDAS (Árdora, 2005). Bien sea por el mito que los peligros de esta profesión encierra, bien porque se nos ofrece más de dos siglos de poesía transfronteriza, el caso es que además de una pequeña biografía y varios poemas del, o de la poeta suicida, reconocemos en esta antología, la propia historia de la poesía, desde el romanticismo hasta la época contemporánea.

  
          Antologías como POR DONDE PASA LA POESÍA (Baile del sol, 2011) y EN LEGÍTIMA DEFENSA (Bartleby, 2014) afrontan una temática semejante: la poesía crítica, sobre todo en una época donde la crisis económica ha despertado en escritores y lectores el contexto socio-político como hecho inspirador y cuya calidad asoma en el panorama al mismo nivel que la poesía más esteticista. También en 2014, Amargord, siguiendo esta estela y bajo la batuta de Uberto Stabile ha publicado NI UNA MÁS (Poemas por Ciudad Juárez) donde se recogen poemas en recuerdo de Silvia Chávez, poeta asesinada en esta ciudad en 2011, por quien se realizan homenajes en muchas ciudades del mundo cada septiembre.

            Hace algún tiempo, Cangrejo Pistolero (2007) nos enseñó su VENGANZA DEL INCA, con prólogo de David Gónzalez y teniendo como tema común la presencia de la cocaína en la poesía contemporánea. Desde Logroño, Ediciones del 4 de agosto nos mostró con AQUEL AGOSTO DE NUESTRAS VIDAS y CIEN BALAS DE PLATA CLANDESTINAS (2012), su homenaje a los 100 primeros poetas que han acogido en su Festival de Poesía Agosto Clandestino, que el verano pasado cumplió su décimo cumpleaños.

            Este pasado año 2014 ha sido pródigo en antologías horizontales. Ediciones Liliputienes, bajo el título DIVA DE MIERDA recoge el guante de la vanidad de un poeta mexicano y nos lo arroja con violencia contra el retrato que repele nuestro propio espejo. El resultado es brillante. Un puñado de grandes poemas sobre el arte poética del ego de los poetas. Una gran reflexión para todos.

            Otra reflexión nos la ofrece también la exquisita Editorial Linteo: TENGO UNA CITA CON LA MUERTE (2011), es un recopilatorio de poemas escritos por poetas que fallecieron en combate o como consecuencia de la secuelas de la La Gran Guerra. Algunos eran ya reconocidos antes de fallecer, como Edward Thomas o Wilfred Owen, aunque la mayoría tuvieron su eco después de muertos. Una tema habitualmente antologado por los británicos que ahora llega a nuestra manos gracias a la traducción de Borja Aguiló y Ben Clark, y cuya lectura resulta estremecedora.


            La transversalidad de estas antologías permite abrir el ángulo de la poesía. Ya no sólo disponemos de las selecciones nacionales de poetas de cada país. Ni la poesía es un partidos de jóvenes o veteranos. Ni una guerra de sexos. Rota la hegemonía de las principales editoriales, la poesía es un gran abanico intergeneracional, tanto de poetas reconocidos como de inéditos. Es una telaraña donde uno va enlazando lecturas, un mar donde hallar pecios abandonados.  Un acto del que van emergiendo poetas sobre el océano de la uniformidad.


No hay comentarios:

Publicar un comentario