martes, 15 de septiembre de 2015

LA PATERNIDAD DE UN GRAN VERSO





La poesía puede esperar.



La vida comienza. Los poemarios se acumulan sin leer en una caja de pañales. Una segunda caja se completará en breve porque uno nunca de deja de adquirir libros. En los cuadernos, breves anotaciones con versos que quizás un día sean algo más. Presentaciones, festivales, tertulias y proyectos rondan en la cabeza como pájaros que nunca acaban de aterrizar. Serán después. Después de cuándo. No se sabe porque un recién nacido lo ocupa todo: lugar y tiempo.



La poesía puede esperar. Sólo estamos en la mitad de la estadística vital. Ésta nos otorga todavía otros cuarenta años de vida, que gracias a los recortes en sanidad serán algo menos, seguro. Pero qué más da otro poemario en las librerías, qué importa el cuando. No faltaré a mi cita pero la vida es antes que cualquier verso. Rimbaud supo huir, de la poesía y de los poetas, para existir.



Haciendo caso al genio maldito, la poesía espera a sus padres sin prisa.


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