jueves, 3 de marzo de 2016

CENTRIFUGADOS (Crónica).







Han sido tres días intensos. Más de cincuenta poetas, más una veintena de editoriales y otros tantos recitales, perfomances o mesas redondas: lo que un solo hombre puede conseguir, Jose Mª Cumbreño, es digno de mi admiración. En Extremadura no saben, ni seguramente valoran la suerte que tienen con él.



En mi caso vine desde Pamplona y llegué justo cuando los políticos acababan y comenzaba el concierto de Fetén Fetén, cuyo nombre les viene que ni pintado. Hubo mucho arte y melodías bellísimas saliendo de sus serruchos y otros instrumentos de fantasía. Me perdí la conversación entre Mercedes Cebrian porque el pequeño Paul, de ocho meses, requería nuestra atención, pero volvimos para escuchar al febril Pablo Fidalgo Lareo, unos de mis poetas preferidos, que a pesar de cambiar de estilo y del riesgo que eso supone, sigue escribiendo una de las mejores poesías. Por la noche tuve la fortuna de acompañar a las sugerentes voces de Camen Hernández Zurbao y María Sotomayor, y a la potencia y gravedad de la lírica de Cristian Gómez Olivares y Pedro Ojeda. La sala estaba llena, supongo que por la calidad de los poetas aunque quizás la cercanía de bar ayudase. Por cierto, tuvimos un lujo de presentadores, Víctor Peña Dacosta y Ángel Gómez Espada.



Tuve la suerte de conocer a varios editores que admiro mucho: a Fabio de la Flor, una joven leyenda de la edición independiente, a Ferrán Fernández, al insuperable Mario Quintana y a mis editores, Tito Expósito e Inma Luna ( a estos últimos hubiese preferido conocerlos en Tenerife a 30 grados y no en Plasencia a cero grados. Será la próxima.)



El sábado hubo un llenazo para escuchar a Ballerina Vargas, la poeta revelación de la temporada y a Nurit Kasztelan, la argentina que nos sedujo a todos con su puesta en escena y que, afortunadamente vendrá a Pamplona y Logroño. Después conocí a otros de esos poetas maravillosos, Víctor M. Díez, cuyo recitado fue quizás de lo mejor del festival. Le siguió Luis Arturo Guichard que mantuvo al público inmóvil y en silencio.



Por la tarde mucho espectáculo, Lalo Barrubia sedujo a todos los asistentes con su espectáculo cabaretense. Después el hacha de Patxi Larretxea y el recitado de Hasier se llevaron los mayores aplausos. Algún espectador se llevó las astillas del tronco como recuerdo y por fortuna no hubo heridos, ya que éstas salían disparadas a varios metros de distancia. Entre ambos actos, una interesantísima mesa redonda sobre la edición independiente que se nos hizo muy corta y hubiésemos querido saber más.



Por la noche, un recital de cinco magníficos poetas: Inma Luna, Fernando Pérez Fernández, Elías Moro, Alberto Guirao y el simpatiquísimo Víctor Peña Dacosta. Hacía tiempo que no me reía tanto. Fue de esas ocasiones en la que los poetas son graciosos sin proponérselo.



Por lo visto la ebriedad del momento llevó a los poetas a querer profundizar en su amistad sin mirar el reloj.



El domingo, día de despedidas nos dejó con las magníficas voces de tres poetas fantásticas: Roxana Popelka, Luciana Caamaño y María Eloy-García.



Gracias, gracias, gracias, especialmente a Cumbreño por su cariño con la Poesía, con la cultura y con los poetas.



Volveremos.

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