lunes, 20 de junio de 2016

Recomendaciones: playas y poemarios


RECOMENDACIONES: playas y poemarios (Desde lo periférico).





Como no soy un lector muy playero, mi única recomendación en este campo, es la Scala dei Turchi, en Sicilia. El resto del post lo dedicaré a hablar sobre algunos de los libros que más me han llamado la atención en lo que va de año.

Dice Aitor Francos, en su muy recomendable Fuera de plano (Cuadernos del Vigía, 2016. Premio José Bergamín de aforismos), que “la poesía decide qué es poesía y qué es prosa”, lo que me viene de perlas para citar novedades periféricas, respecto al género de la poesía. 

Uno de estos textos lindantes, es Exploradoras (Libros de la Herida, 2015) de Nathalie Bellón, una maravillosa obra de poesía gráfica, que ilustra poemas de doce enormes mujeres poetas . Otras dos obras que se bifurcan entre la poesía y la arte poética, y que tendrán un hueco en mis mesilla durante bastante tiempo, son Sesenta y cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas de Álex Chico (Ed. Isla de Siltolá, 2016) y El libro de los Indolentes de Javier Sánchez Menéndez (Plaza y Valdés, 2015).

Además, ya que he comenzado refiriéndome al floreciente subgénero poético de los aforismos, quiero citar tres libros exquisitos para abrir por cualquier página, y/o en cualquier momento y/o postura veraniega: Zona Franca (Cuadernos del Vigía, 2016) de Carmen Camacho, Morerías (Ed. Liliputienses, 2015) de Elías Moro y Dos por la mañana de Juan Manuel Uría (Ed. Gallo de Oro, 2015). Precisamente, de este poeta y editor, es otro singular libro coral, La tertulia errante (Ed. Gallo de Oro,2016), cuyo contenido recoge obras de los autores que configuran una de esas legendarias tertulias, que todavía sobrevive en la ciudad de San Sebastian.

Como última, de mis recomendaciones periféricas, citaré alguna de las revistas en papel que he leído recientemente y cuyo auge parece recordar al de los otros tiempos: el número 7 de Estación Poesía es realmente para enmarcar; también extraordinario, otro número 7, el de Anáfora, y para quien vaya a estar más de una quincena en la playa puede llevarse el número 6 de Caravansari, doscientas páginas de poesía peninsular.

Hasta aquí, hay celulosa para llenar una maleta, así que otro día escribiré sobre los poemarios tradicionales que más estoy disfrutando este año.

Salud y próspero verano.


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